Cómo el yoga ayuda a las mujeres refugiadas. Clases gratuitas de Yoga para mujeres que han sufrido tortura y abuso sexual.

Cómo el yoga ayuda a las mujeres refugiadas. Clases gratuitas de Yoga para mujeres que han sufrido tortura y abuso sexual.
Cada martes por la mañana, mujeres refugiadas como Eden vienen a practicar yoga. Las sesiones son dirigidas por Ourmala, una organización inglesa de voluntarios que ofrece cada semana un espacio seguro para respirar, rehabilitar y reinsertar a alrededor de 60 mujeres refugiadas en el Reino Unido.

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Esta mañana, Edén, una refugiada de Eritrea, se ha unido junto a otras ocho mujeres de África oriental y central y Afganistán en un modesto estudio de Londres. Muchas de estas mujeres han sufrido la tortura, el tráfico de seres humanos y la violencia sexual, dejándolas con traumas y pesadillas.

Comienzan por estirarse sobre las colchonetas con los pantalones de yoga… cerrando sus ojos en una habitación con poca luz. Ourmala se apoya en voluntarios como Martha Winfield, una profesora de yoga especializada que dirige la clase y estimula suavemente a las mujeres para hacer lentamente las diferentes posiciones de yoga, y sincronizar su respiración con sus movimientos.

Emily Brett, la fundadora de Ourmala, se pasea alrededor de la habitación y ayuda a las mujeres a adoptar las poses, susurrándoles suavemente. El descanso y la meditación están integrados en la clase, que termina con el canto de OM, un mantra que vibra alrededor de la estancia. Durante unos minutos, el silencio se esparce sobre sus cuerpos, y salen de la habitación con un coro de agradecimientos, más tranquilas y más relajadas que cuando entraron.

“Yo solía tener problemas para dormir y usaba muchos antidepresivos. El yoga me ha ayudado a dormir y relajar mi mente, dice Eden, que fue remitida a las clases de Yoga para refugiadas desde una entidad a favor de la prohibición de la tortura, hace dos años.

Cada semana se realizan cuatro clases de Yoga en diversos lugares de Londres; los lunes Ourmala realiza clases conjuntas de madres y bebés. No es raro que los niños que acompañan a sus madres hayan nacido como resultado de una violación. Estas mujeres sobreviven con fragmentos de pesadillas, no debidas a sus bebés que lloran, sino a sus traumas.
“Experiencias como las que han sufrido estas mujeres dejan profundas marcas – el horror no se detiene cuando llegan al Reino Unido; tenemos una crisis de refugiados aquí mismo”, dice Brett, que se ofreció como voluntario para casos de refugiados con la Cruz Roja Británica.

Los gastos de transporte urbano están cubiertos por la entidad de caridad y después de las clases de yoga se ofrece un almuerzo caliente, clases de inglés, asesoramiento y servicios de apoyo. Algunas mujeres viajan hasta tres horas para hacer las clases y para muchas, es la primera comida caliente de la semana y una rara ocasión para la interacción amistosa, dice Brett.

“Los traumas han dejado a estas mujeres disociadas de sus cuerpos y con el tiempo el yoga comienza a hacer del cuerpo un lugar seguro y habitable de nuevo. Todo el servicio integral que ofrecemos ayuda a restaurar la confianza y la autoestima, reduce la ansiedad y la depresión y da energías y esperanzas a las mujeres”, explica.

El yoga enseña a las mujeres a controlar su respiración, que calma a la vez su sistema nervioso y su mente – una habilidad valiosa del yoga que las ayuda con los reveses en su día a día. “No se trata de crear dependencia; Ellas tienen el poder para reconstruir sus vidas e integrarse. Al principio las mujeres pueden ser hostiles y desconfiadas. Puede tomar semanas o incluso meses, pero finalmente levantan la cabeza, te miran a los ojos al sentirse seguras y pueden comenzar a ser ellas mismas de nuevo.”

Los instructores de yoga de este centro reciben entrenamiento de Heather Mason, fundadora de The Minded Institute, que aboga por la terapia mente-cuerpo para el tratamiento de problemas de salud mental.
La yoga debe estar en el NHS (Servicio Nacional de Salud Británico), ya que es rentable y ayuda en el tratamiento a largo plazo de muchas enfermedades crónicas.

“Las refugiadas que han sufrido un fuerte traumatismo luchan contra el insomnio y con frecuencia tienen mucha vergüenza de sus cuerpos, en particular las mujeres que han sido violadas o torturadas”, explica Heather Mason. “El Yoga les facilita de nuevo contactar con sus cuerpos y las conecta de nuevo en la tierra.”
Mason está haciendo campaña para conseguir que el yoga esté presente plenamente en el Servicio Nacional de Salud Británico. Ha sido profesora de yoga para los refugiados traumatizados en el Hospital Maudsley, y cita un informe publicado por el grupo parlamentario del partido laborista en que estima que ofrecer Yoga en la asistencia sanitaria ahorraría 15 £ por cada libra gastada.

“El yoga debe estar presente en el Servicio Nacional de Salud Británico (NHS), ya que ofrece valor preventivo para varias enfermedades crónicas, es rentable y ayuda en el tratamiento de muchas enfermedades crónicas a largo plazo. No ha ocurrido todavía, ya que es un proceso lento que requiere mucha infraestructura y también el NHS tiene que acabar de entender y convencerse de la seguridad y la eficacia del yoga”, dice Heater.

La organización caritativa Ourmala se inspiró en el voluntariado de Odanadi India, una organización benéfica que usa el Yoga Ashtanga para ayudar a los niños víctimas de la trata de seres humanos, e investiga en Ruanda el Proyecto Aire, que utiliza el yoga para ayudar a las sobrevivientes de violaciones genocidas, muchas de los cuales son seropositivas, para disipar algunos de sus traumas y problemas de salud mental. “Las mujeres a las que ayudamos están abrumadas por un traumatismo en la misma forma en que una presa está traumatizada por el ataque de un depredador. Cuando usted ha experimentado algo así como lo han hecho ellas, se convertirá en un persona alejada de su cuerpo y alineada,” dice Deirdre Summerbell, fundador del Proyecto Aire. Al cabo de dos o tres sesiones de yoga con un grupo particular de mujeres que habían sido resistentes a los tratamientos farmacológicos o reticentes a hablar, comenzaron a dormir toda la noche por primera vez en catorce años, desde que el genocidio de Ruanda empezó…

¿Qué puede enseñar la meditación?
Ourmala recibe referencias de una serie de organizaciones benéficas como la Fundación Helen Bamber y la Cruz Roja Británica, y trabaja con más de 20 organizaciones de salud. Se espera poder ofrecer hasta 20 clases a la semana a finales de 2017 y luego desplegar sus servicios a nivel regional. Está dirigiendo también un plan piloto junto con la Cruz Roja y jóvenes refugiados y solicitantes de asilo. Este trabajo se basa en gran medida en donaciones particulares y patrocinios recaudados a través de una red de recaudación de fondos que anima a la comunidad de yoga a recaudar dinero para Ourmala.

El soporte gubernamental para los refugiados se ha cortado y los servicios se han reducido en los cinco años transcurridos desde que Ourmala se puso en marcha. Las mujeres y los niños son los más afectados por estas políticas presupuestarias. Además, la ayuda de Ourmala es aún más escaso allá de Londres. En Glasgow, Rokhsaneh Khodayar Madeira ha estado sosteniendo el Círculo de la Mujer, una iniciativa dirigida a mujeres sobrevivientes de violaciones de los derechos humanos que ofrece clases de yoga, clases de inglés y servicio de cuidado de niños. Sin embargo, el mantenimiento de la oferta ha sido un reto. “Tuvimos la suerte de conseguir este espacio de forma gratuita, pero la mayoría de los lugares querían cobrar £ 15 por una hora y era difícil encontrar financiación”, dice esta profesora de yoga.

Sin embargo, como dice Khodayar Madeira, las mujeres duermen mejor, empiezan a disfrutar de amistades y comienzan a integrarse más felices en la vida de Glasgow. “Me di cuenta de que estaban más relajadas en cada clase y eran más felices. A veces he utilizado ciertos movimientos para conseguir que nazca la risa, esto siempre ha ayudado a aligerar la clase y se puede ver y sentir que la tensión desaparece”.

La financiación gubernamental para las clases de inglés para hablantes de otras lenguas se ha reducido en casi un 40% durante los últimos cinco años. Esto deja a los refugiados en una situación insostenible – pobres y sin conocimientos de inglés les impide funcionar en la sociedad por lo que les resulta imposible disfrutar del derecho al trabajo y les impide ser capaz de pagar por sí mismos lecciones.

Jacqueline, una mujer de negocios que huyó de su nativa República Democrática del Congo hace 14 años, es ahora voluntaria para Ourmala y nos comenta que usa lo que ha aprendido en el yoga para calmarse y ampliar sus horizontes. “Me gustaría que el gobierno se diera cuenta de que estamos dispuestas a trabajar duro y deseamos integrarnos en la sociedad; muchos de nosotros no tenemos familia aquí y Ourmala es un pequeño corazón que late por nosotros”.

*Algunos nombres han sido cambiados

Puedes ver el artículo original aquí:
https://www.theguardian.com/society/2016/jul/19/yoga-refugee-women-safe-space